lunes 19 de septiembre de 2011

Carta de la madre de Adi

De tu Amatxo Koki:http://www.blogger.com/img/blank.gif

Desde mi cueva oscura y de dolor, intento salir con la sensación de querer ocultarme para que no me vea. No sé quien, pero que no me vea, ahora y siempre los míos me necesitan y aquí estaré, pero me da miedo esa mano exterminadora que nunca se sabe a por quién va y por eso nunca la esperas. Primero escucho los sonidos, luego me llega la luz y poco a poco despiertan todos los sentidos.

Gran cantidad de fuerza nos está llegando. Gracias a todos a los que nos habéis mandado vuestras letras de dolor, de crispación, de incredulidad y de amor hacia nosotros.

Siempre pensaba que con nuestro amor era más que suficiente. Vivíamos felices en nuestra burbuja de seguridad, de alegría, compañerismo, complicidad… y pocos, muy pocos, casi diría que ningún enfrentamiento.

Ahora me habéis hecho sentir que no éramos cinco sino muchos, muchos más; todos los que habéis estado con nosotros, todos los que nos hacías felices y casi no os notábamos. Ahora sí, ahora os veo uno a uno, a todos, las caras, casi hasta donde estabais situados, el dolor, vuestras lagrimas, abrazos. A muchos hijos he oído “yo nunca había visto llorar a mi aita”. Yo tampoco, pero os lo agradezco y me siento más cerca de todos vosotros .

Gracias: a sus amigos, a sus compañeros de río, a los que se han tatuado el brazo pareciéndoles que es la forma de no olvidarlo nunca. A nuestros amigos y suyos también, compañeros, andereños, irakasles, piragüistas, familia, vecinos. A todos los que habéis ejercido de padres con vuestras piernas y a tantas madres que habéis ejercido de madres, a nuestros compañeros de trabajo y amigos a la vez, a los que habéis colaborado en su formación tanto deportiva como académica, al Ayuntamiento de Aranguren, a la Ikastola San Fermin (la mejor ). A todos esos y a los que no nos conocías pero también os escuchamos, nunca os olvidaremos, porque es ahora donde la calidad humana aflora con más sensibilidad que nunca.

Casi todos me preguntábais si podíais hacer algo. Sé que si a todos os hubiera pedido un año de vuestras vidas, Adi, nuestro Adi, ese chavalote que tanto queremos, que nos daba felicidad, alegría, que llenaba toda la casa, ese chavalote hoy viviría eternamente.

Me queda un consuelo muy grande saber que ese gran corazón, esos pulmones tan sanos… van moviéndose por ahí y que mientras nuestra pena es infinita, hay otras familias que lo estarán celebrando. A vosotros también quiero daros las gracias, por mantener a nuestro hijo con vida.

A todos los que sois padres, sembrad en vuestro hijos; será la mejor inversión de vuestra vida. Recogeréis los mejores frutos, los que no tiene sabor, color ni forma, pero los que más te llenan la vida. La educación se da en casa con cariño, con delicadeza, sin gritos, siempre enseñando como si vuestro hijo estuviera en una incubadora y le contarais cuenticos con toda la dulzura del mundo, no los de caperucita, no, contar esos que parece que no se enteran pero les llegan dentro.

Muchas veces he oído hablar mal de la juventud. Necias e injustas palabras. Ellos son nuestro futuro, ese futuro que por nuestro mal hacer tienen que arreglar. No hablemos mal de ellos. Estos días hemos tenido el honor de tener la casa llena de amigos de nuestros hijos, personas maravillosas, jóvenes llenos de futuro, nos han dado todo: animo, alegría, saber estar y un amor que nos ha llenado los corazones… vida, vida que hemos perdido. Gracias a ellos hemos vuelto a oír las risas de Adi y os juro que eran suyas. Sus hermanas han vuelto a sonreír como le prometimos a él. A Adi ya se lo hemos dicho todos “somos cinco, estamos cuatro” y aunque ahora estamos tristes, un día no lo estaremos porque esa promesa, también la cumpliremos.

Mi amor, mi compañero, qué bien nos elegimos. No hagas caso a esas frases que dicen “como el amor de una madre…”, no las escuches, esas no van contigo. Eres tan padre como nadie, el mejor. El fue todo para ti: tu angel de la guarda, el que te abría la huella en la nieve y hacía reposar tu espalda apoyado en su pecho. .. Tu proyección de piragüista y de gran hombre que eres. Gracias a ti más que nadie por la labor que hiciste con él y con toda esta familia, sin tu fuerza nos habríamos hundido en muchas ocasiones y tú, a pesar de los pesares siempre tirarás para adelante y las chicas iremos contigo. Te quiero mi amor.

Agur Adi :Tu Kokita, mi amor, tu Kokita para siempre.

1 comentarios:

Fran dijo...

Un saludo y muchas fuerzas de un piraguista montañero gaditano.